01. GIVERNY : MAISON ET JARDINS DE CLAUDE MONET
Una paleta viviente en el corazón de Normandía
Cruzar las puertas de la finca de Giverny es como entrar en un cuadro de Claude Monet. El maestro del impresionismo vivió allí durante 43 años, convirtiendo su casa y sus jardines en una obra de arte por derecho propio. La casa, con su fachada rosa y contraventanas verdes, ha conservado todo el encanto de la época: los visitantes pueden explorar el estudio-salón, el famoso comedor amarillo brillante y la cocina con azulejos azules de Rouen. Cada estancia refleja la vida cotidiana del pintor y su pasión por los grabados japoneses, creando una atmósfera cálida e intensamente colorida.
El exterior se divide en dos partes diferenciadas: el Clos Normand, un jardín de flores simétrico con arcos metálicos repletos de rosas, y el Jardín del Agua, situado al otro lado de la calle. Fue aquí, alrededor del estanque de nenúfares y el famoso puente japonés, donde Monet encontró la inspiración para su serie más célebre. Entre glicinas, sauces llorones y nenúfares, el jardín ofrece un espectáculo que cambia con las estaciones y la luz, convirtiendo cada visita en una experiencia sensorial única donde naturaleza y pintura se convierten en uno.
02. CHATEAU DU CLOS LUCE PARC LEONARDO DA VINCI
03. MUSEE RODIN
Ubicado en el suntuoso Hôtel Biron, una mansión del siglo XVIII cerca de Los Inválidos, el Museo Rodin es uno de los lugares más encantadores de París. Fue aquí donde el escultor Auguste Rodin vivió y trabajó al final de su vida, legando toda su obra al estado francés. El interior serpentea a través de salones con suelos de parqué pulido y carpintería dorada, donde el mármol blanco y los imponentes bronces parecen cobrar vida con la luz natural que se cuela por los altos ventanales.
Lo más destacado, sin embargo, sigue siendo su jardín de esculturas de tres hectáreas, un auténtico oasis de verdor en el corazón de la capital. Paseando entre rosales y setos de carpes, los visitantes descubren las obras maestras monumentales del artista: El Pensador, Los Burgueses de Calais y las impresionantes Puertas del Infierno. Es esta alianza única entre la delicadeza de la arquitectura clásica, la potencia bruta de la escultura y la serenidad del parque lo que hace de este museo un interludio encantador, lejos del tumulto de París.
04. MUSEE CAMILLE CLAUDEL
Inaugurado en 2017 en la ciudad donde Camille Claudel pasó su adolescencia y dio sus primeros pasos como artista, el Museo Camille Claudel se ha convertido en un santuario esencial para su obra. Este museo, con su sobria arquitectura contemporánea que se integra armoniosamente en el centro histórico, alberga la colección pública más grande del mundo de la obra de la artista. A través de una luminosa exposición, los visitantes descubren la meteórica evolución de su talento, desde sus primeros estudios con Alfred Boucher hasta sus obras maestras de madurez, como *La Edad Madura*, *El Vals* y *La Suplicante*. El museo no se limita a aislar a Claudel, sino que la sitúa en el corazón de su época, en medio de una increíble colección de esculturas del siglo XIX, que ilustra la transición del clasicismo a la modernidad.
Recorrer las galerías es presenciar la íntima interacción de la artista con sus materiales (terracota, yeso, bronce, mármol). El museo destaca la gran sensibilidad y maestría técnica de Camille, que rivalizaban con las de su mentor y amante Auguste Rodin, a la vez que afirmaba su propio lenguaje artístico, caracterizado por el movimiento, la emoción cruda y la trágica introspección. El espacio museístico, que alberga la antigua residencia familiar de la familia Claudel, ofrece una atmósfera íntima y conmovedora, haciendo finalmente justicia a la artista que durante mucho tiempo permaneció a la sombra de los grandes de su época.



