01. CHATEAU DE VERSAILLES
02. CHATEAU DE BAZOCHES
Dominando el pueblo de Bazoches con sus cuatro torres redondas, este castillo fue la residencia del mariscal Vauban, el renombrado ingeniero militar de Luis XIV. Fue aquí donde diseñó los planos de más de 300 ciudadelas y fortalezas por toda Francia. El castillo, construido en el siglo XII, fue transformado por Vauban en un auténtico estudio de diseño, con una galería de 30 metros de largo donde trabajaban sus ingenieros y delineantes. El interior conserva un aire muy personal: los visitantes pueden descubrir el dormitorio del mariscal, su estudio y numerosos recuerdos familiares, ya que el castillo aún está habitado por sus descendientes. El ambiente es más cálido y erudito que en los grandes palacios reales. Desde las ventanas, la vista de las colinas de Morvan y la basílica de Vézelay a lo lejos es absolutamente impresionante.
03. MAISON BONAPARTE
Ubicada en las calles adoquinadas del casco antiguo de Ajaccio, la Maison Bonaparte (Casa Buonaparte) es la cuna de una leyenda mundial. Declarada monumento histórico, esta residencia patricia es el lugar donde nació Napoleón I el 15 de agosto de 1769. Mucho más que un simple museo, esta casa familiar de cuatro plantas revela la vida privada de la familia Bonaparte antes de su meteórico ascenso al poder. A través de salas de época, muebles auténticos y objetos personales, los visitantes se sumergen en la atmósfera de la Córcega del siglo XVIII y descubren las raíces del hombre que redibujaría el mapa de Europa.
Actualmente parte del Museo Nacional de los Castillos de Malmaison y Bois-Préau, la Casa Buonaparte ofrece una rica experiencia museística, que combina recuerdos imperiales con historia del arte. Desde la casa natal del Emperador hasta las galerías que retratan el exilio y el regreso triunfal de la familia, cada sala resuena con la ambición de un clan extraordinario. Una visita es esencial para comprender la identidad corsa y el extraordinario destino de un hombre que, desde su isla natal, conquistó el mundo.
04. MAISON DE CLEMENCEAU
La Casa de Georges Clemenceau: El Refugio del Tigre frente al Atlántico
Fue en la costa de Vendée, en Saint-Vincent-sur-Jard, donde Georges Clemenceau decidió pasar los últimos diez años de su vida tras retirarse de la política en 1920. Lejos de los dorados salones del poder, esta sencilla cabaña de pescadores, alquilada todo el año, refleja el ascetismo y la fortaleza de carácter del anciano estadista. Frente a la inmensidad del océano, "El Tigre" transformó esta humilde cabaña en un lugar de reflexión y escritura, donde recibió a sus amigos más cercanos, entre ellos al pintor Claude Monet. La casa se conserva exactamente como la dejó tras su muerte en 1929: los visitantes aún pueden admirar su estudio espartano, su dormitorio con vistas al mar y sus colecciones de objetos del Lejano Oriente, testimonio de su insaciable curiosidad intelectual.
El punto culminante de la visita es, sin duda, el jardín "impresionista", creado íntegramente por Clemenceau en la duna. Desafiando la brisa marina y la sal, diseñó, con la ayuda de Monet, un exuberante espacio verde donde las vibrantes flores prosperan en el duro clima marino. Un paseo por este jardín ofrece una visión de la intimidad de un hombre que, tras liderar Francia durante la Primera Guerra Mundial, buscó la paz en la contemplación de las olas. Gestionada por el Centro de Monumentos Nacionales, esta residencia es un lugar conmemorativo único donde la historia francesa se entrelaza con la belleza salvaje de la costa de Vendée.



