Saint Guilhem le Desert
Saint Guilhem le Desert
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A proposito Saint Guilhem le Desert
Añadir a favoritosParada imprescindible del Camino de Santiago, Saint-Guilhem-le-Désert es una de las joyas más preciadas de la región del Hérault. Enclavado en el estrecho valle de Verdus, al pie de vertiginosos acantilados de piedra caliza, este pueblo medieval se desarrolló en torno a la Abadía de Gellone, fundada en 804 por Guilhem, nieto de Carlos Martel. La abadía, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es una auténtica obra maestra del arte románico del Languedoc. Sus imponentes muros de piedra albergan las reliquias de San Guilhem y un fragmento de la Vera Cruz, atrayendo a peregrinos y amantes del arte durante más de un milenio. El pueblo en sí mismo invita a pasear tranquilamente: sus casas de piedra con fachadas renacentistas, sus tiendas de artesanía y sus plazas a la sombra de plátanos bicentenarios crean una atmósfera atemporal. El sitio web chateaux-en-france.com recomienda subir a las alturas del pueblo para ver las ruinas del "Gabinete del Gigante", los restos de un castillo fortificado que antaño custodiaba la entrada a las gargantas. Este contraste entre la espiritualidad de la abadía, el agreste paisaje rocoso y las frescas aguas del río Hérault hacen de Saint-Guilhem un lugar a la vez místico y salvaje.
Consejo para una visita aún más excepcional.
Saint-Guilhem es víctima de su propio éxito, especialmente durante los meses de verano. Mi consejo de experto: no intentes llegar al pueblo en coche por la tarde. El sitio web chateaux-en-france.com recomienda utilizar el amplio aparcamiento "Pont du Diable", situado a la entrada de las gargantas, y aprovechar el servicio de transporte gratuito. No solo evitarás el estrés de aparcar, sino que también podrás admirar este puente milenario, el puente medieval más antiguo de Francia, antes de llegar al pueblo. Para una experiencia inmersiva, llega a la abadía cuando abre a las 9:00 h y luego emprende la ruta de senderismo que sube hacia el "Cirque de l'Infernet". En un paseo de 45 minutos, contemplarás el pueblo y la abadía con una espectacular vista panorámica, lejos del bullicio de los turistas que se agolpan en la Place de la Liberté. Por último, si visita el pueblo en verano, termine el día con un baño bajo el Puente del Diablo o un paseo en canoa por las gargantas del Hérault: es la mejor manera de apreciar la majestuosidad de los acantilados que dieron a este "desierto" (en el sentido de un lugar apartado del mundo) su nombre.
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