Nice Et Ses Environs
Nice Et Ses Environs
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A proposito Nice Et Ses Environs
Añadir a favoritosNiza es una ciudad con dos caras que se funden en una armonía cautivadora. Por un lado, el Paseo de los Ingleses despliega su legendaria curva a lo largo de la Bahía de los Ángeles, flanqueado por hoteles emblemáticos como el Negresco y sus famosas sillas azules. Por otro, el casco antiguo de Niza ofrece un marcado contraste con su laberinto de calles estrechas con fachadas de color ocre y rojo sardo, donde la ropa se seca en las ventanas y la sombra de las iglesias barrocas ofrece un grato respiro del sol mediterráneo. El alma de Niza late con especial fuerza en el Cours Saleya, famoso por su mercado de flores y sus coloridos puestos. La ciudad es una oda a la luz, la misma luz que cautivó a Matisse y Chagall, cuyos museos nacionales en las colinas de Cimiez dan testimonio de este excepcional patrimonio artístico. Entre ruinas romanas, jardines botánicos colgantes y la vibrante Place Masséna con sus esculturas de Jaume Plensa, Niza destaca como una metrópolis cultural donde el arte de vivir italiano se fusiona con la elegancia francesa. La gastronomía de Niza tiene una identidad propia, protegida por el sello "Cuisine Nissarde". Se trata de una comida callejera sabrosa y soleada: Socca (una gran tortita de harina de garbanzos cocinada al fuego de leña), Pan Bagnat bañado en aceite de oliva o Pissaladière con cebolla caramelizada. Para una comida más elaborada, deléitese con los petits farcis niçois (verduras rellenas de Niza) o un daube al estilo provenzal, todo ello perfectamente complementado con los vinos de Bellet, un singular viñedo urbano enclavado en las colinas que dominan la ciudad.
Consejo para una visita aún más excepcional.
Para disfrutar de toda la belleza de Niza sin el esfuerzo de subir, tome el ascensor escondido al final del Quai des États-Unis para acceder directamente a la Colina del Castillo. Una vez arriba, no se quede solo cerca de la cascada: diríjase al mirador con vistas al puerto para ver el ir y venir de los ferries, y luego cruce el parque hacia el cementerio marino para disfrutar de una tranquilidad absoluta. Para una auténtica experiencia Socca, evite las terrazas de Cours Saleya a la hora de comer y vaya a René Socca o a una de las pequeñas tiendas de la Rue Pairolière: allí, podrá pedir en la barra y comer de pie o en bancos de madera, como un auténtico nizardo.
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