Fechas clave
HENRI IV
"Le Vert Galant "
Aquí se presenta una biografía de Enrique IV, el "Vert-Galant" (Verde Galán), estructurada en párrafos que traza la vida del hombre que puso fin a las Guerras de Religión. Un príncipe protestante en crisis Nacido en 1553 en Pau, Enrique de Borbón era hijo de Juana de Albret, reina de Navarra, y Antonio de Borbón. Criado en la fe calvinista (protestante), se vio pronto inmerso en el corazón de las sangrientas Guerras de Religión que desgarraron Francia. En 1572, su matrimonio con Margarita de Valois (la reina Margot), hermana del rey Carlos IX, pretendía reconciliar a ambos bandos, pero condujo a la Masacre del Día de San Bartolomé. Para sobrevivir, Enrique se vio obligado a convertirse al catolicismo y permaneció cautivo en la corte francesa durante cuatro años antes de escapar y tomar el mando de las tropas protestantes. La conquista del trono y la paz religiosa Tras la muerte de Enrique III en 1589, Enrique de Navarra se convirtió en el legítimo heredero al trono, pero la Liga Católica se negó a reconocer a un rey protestante. Durante varios años, tuvo que conquistar su reino por la fuerza de las armas. Consciente de que un rey protestante jamás podría gobernar una Francia predominantemente católica, decidió abjurar de su fe una vez más en 1593, pronunciando la famosa frase, según la leyenda: «París bien merece una misa». Coronado en Chartres, entró triunfante en la capital y, en 1598, firmó el Edicto de Nantes, un acto histórico de tolerancia que concedió la libertad de culto a los protestantes y finalmente trajo la paz. La reconstrucción del reino Una vez restablecida la paz, Enrique IV se dedicó a reconstruir un país devastado por cuarenta años de guerra. Con el apoyo de su ministro Sully, restableció las finanzas, fomentó la agricultura y desarrolló la industria. Fue un rey constructor que modernizó París con la construcción del Pont Neuf y la Place Royale (actual Place des Vosges). También apoyó las primeras expediciones a Canadá, sentando las bases del imperio colonial francés. Bajo su reinado, se restableció la autoridad real, allanando el camino para el futuro absolutismo, a la vez que mantenía una imagen de cercanía con su pueblo. Un final trágico y el nacimiento de un mito A pesar de sus esfuerzos por aliviar las tensiones, Enrique IV siguió siendo blanco de numerosas conspiraciones, tanto de ultracatólicos como de protestantes desilusionados. El 14 de mayo de 1610, mientras se dirigía al Arsenal en su carruaje, fue apuñalado hasta la muerte por François Ravaillac, un católico fanático. Su brutal muerte provocó una gran conmoción y transformó instantáneamente al controvertido soberano en un mártir nacional. Permanece en la memoria colectiva como el "Buen Rey Enrique", el pacificador de Francia y uno de los monarcas más queridos de la historia, símbolo de un poder firme y humano.
