Fechas clave
JEANNE D'ARC
"La pucelle"
Nacida alrededor de 1412 en Domrémy, Lorena, Juana creció en una Francia desgarrada por la guerra entre los armañacs (partidarios del Delfín Carlos VII) y los borgoñones, aliados de los ingleses. A los 13 años, afirmó haber oído las "voces" de santas Catalina y Margarita y del arcángel Miguel. Según ella, estas voces le ordenaron expulsar a los ingleses de Francia y coronar al Delfín en Reims. A pesar de su corta edad y su condición de campesina, su determinación fue tal que finalmente consiguió una escolta para reunirse con Carlos VII en Chinon en 1429. La epopeya militar y la liberación de Orleans Tras convencer al rey de su sinceridad, Juana recibió una armadura y el mando de una pequeña tropa. En mayo de 1429, logró lo imposible: levantó el asedio de Orleans en tan solo unos días, devolviendo la esperanza a un campamento francés moribundo. A esta milagrosa victoria le siguieron otros éxitos que allanaron el camino a Reims. El 17 de julio de 1429, asistió a la coronación de Carlos VII, cumpliendo así la parte principal de su misión. Se convirtió entonces en un símbolo de la unidad nacional y la resistencia contra los ocupantes. Captura y juicio como ejemplo Su suerte cambió en 1430 cuando fue capturada por los borgoñones durante el asedio de Compiègne. Vendida a los ingleses, fue llevada a Ruan para ser juzgada por un tribunal eclesiástico presidido por el obispo Pierre Cauchon. El juicio fue principalmente político: el objetivo era demostrar que Carlos VII debía su trono a una bruja para desacreditar su legitimidad. A pesar de la sutileza de sus respuestas a las trampas de los teólogos, fue condenada por herejía y reincidió, sobre todo por persistir en vestir ropa de hombre. La hoguera y el nacimiento de un mito El 30 de mayo de 1431, a los 19 años, Juana de Arco fue quemada viva en la Place du Vieux-Marché de Ruan. Sus cenizas fueron arrojadas al Sena para impedir la veneración de sus reliquias. Sin embargo, su sacrificio no fue en vano: despertó el sentimiento nacional francés. Fue rehabilitada mediante un segundo juicio en 1456 y canonizada por la Iglesia católica en 1920. Convertida en un icono mundial, encarna hoy tanto a la santa como a la heroína patriótica, inspirando innumerables obras de arte y literatura a lo largo de los siglos.
