Fechas clave
LEONARD DE VINCI
"Leonardo di ser Piero da Vinci"
Nacido en 1452 en Vinci, Toscana, Leonardo era hijo ilegítimo de un notario y una campesina. Incapaz de seguir los pasos de su padre, fue aprendiz en Florencia de Andrea del Verrocchio, uno de los grandes maestros de la época. Rápidamente, el alumno superó al maestro: su precisión, su sentido de la luz y su capacidad para dar vida al lienzo eran impresionantes. En Florencia, comenzó a desarrollar su técnica del sfumato, ese efecto "vaporoso" que le permitía difuminar los contornos y dotar a sus retratos de una profundidad psicológica sin precedentes, rompiendo con la rigidez de la Edad Media. El ingeniero y observador de la naturaleza Leonardo no se consideraba simplemente un pintor, sino un científico. En 1482, se estableció en Milán al servicio del duque Ludovico Sforza, a quien se presentó principalmente como un ingeniero militar capaz de diseñar máquinas de guerra revolucionarias. Apasionado por la anatomía, la botánica y la hidráulica, llenó miles de páginas de sus cuadernos (los Códices) con dibujos y observaciones. Disecó cadáveres para comprender la mecánica muscular, estudió el vuelo de las aves para imaginar máquinas voladoras y trazó planes urbanos ideales, convencido de que el arte debe basarse en una rigurosa comprensión científica del mundo. Obras maestras y la búsqueda de la perfección La carrera de Leonardo está marcada por varias obras icónicas que han cambiado la historia del arte. En Milán, pintó La Última Cena, un fresco revolucionario por su manejo de la perspectiva y la emoción humana. Más tarde, comenzó el retrato de Lisa Gherardini, la famosa Mona Lisa, que repasó continuamente durante años, llevándolo consigo a todas partes. Su perfeccionismo era tal que dejó muchas obras inacabadas, prefiriendo la exploración de una idea o una técnica a la finalización física de sus encargos, lo que en ocasiones le valió la impaciencia de sus mecenas. Exilio dorado en Clos Lucé El final de su vida estuvo marcado por una relación privilegiada con el rey Francisco I de Francia. En 1516, por invitación del soberano, quien lo admiraba profundamente, Leonardo cruzó los Alpes para establecerse en el castillo de Clos Lucé, cerca de Amboise. Nombrado «Primer Pintor, Ingeniero y Arquitecto del Rey», organizó suntuosas festividades, trabajó en proyectos de canales y trazó planos para un castillo ideal en Romorantin. Murió en 1519, rodeado de sus manuscritos y pinturas, dejando un inmenso legado intelectual que, cinco siglos después, sigue fascinando al mundo con su modernidad.
